Mediante la Resolución 99/SSREGIC/20 a comienzos de este año se aprobó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) la Reglamentación Técnica del Código de Edificación. Esta situación puede marcar un punto de inflexión en la construcción y el cuidado de la calidad acústica de las edificaciones en la ciudad, lo cual tal vez pueda expandirse en un futuro a otros grandes centros urbanos.

En el mundo las regulaciones sobre los niveles mínimos de aislamiento acústico requeridos varían mucho entre países y no existe un criterio general. El informe “Building Acoustics troughout Europe” [1] es un ejemplo claro de la falta de armonía tanto de indicadores como de valores establecidos en ese continente. Por otro lado, en nuestro país existe la norma IRAM 4044 (actualizada en el año 2015) [2] que no tiene carácter obligatorio, sino que es una recomendación. En este artículo tomaremos esta normativa como punto de referencia para intentar establecer similitudes y diferencias generales con la reglamentación de CABA.

El tratamiento de control de ruidos por interposición de barreras acústicas que corten el ca­mino de pro­pagación sonora, es una de las técnicas más empleadas en espacio abierto, tanto para fuentes fi­jas como para ruido de tránsito.

Su estudio sistematizado tiene ya muchos años, aunque continúa siendo un tema de ac­tualidad:  incremento de atenuación por variación de la impedancia del borde de difracción, in­fluen­cia de los fenómenos meteorológicos, modelos y programas de predicción.

Las pantallas acústicas son diseños há­bi­les para limitar el paso de sonido origi­nado en fuen­tes que deben quedar a un lado de la mis­ma, hacia el sitio de protección al otro lado. Bási­ca­men­te son paredes de cierta altura que mi­ni­­mizan el paso a través de ella, con la expec­tativa de generar un cono de sombras similar a lo que se lo­gra para una fuente de luz. En realidad, el co­no de sombras (silencio) es “solo” un cono de pe­num­bras (nivel sonoro disminuido) por efec­tos de la difracción del so­nido en los límites de la pan­talla.

Es un hecho conocido que las personas requieren bajos niveles sonoros en sus viviendas. En épocas normales es para recuperarse de la carga nerviosa de la vida en sociedad, del trabajo, la calle y estar en condiciones de encarar una nueva jornada. En época de pandemia, por el mayor tiempo de permanencia de la familia en su hogar. En todos los casos, por su salud psicofísica.

El living (por cuarto de estar) de las viviendas[1] es el sitio en el que se espera encontrar esa tranquilidad compatible con algunas actividades típicas: leer, escuchar música, ver y escuchar televisión, conversar o descansar, por lo que debe tener un bajo nivel de ruido de fondo que es el que se origina en su exterior, sea o no de la propia vivienda, que por lo general están fuera de nuestro control.

La norma IRAM 4062 de “Ruidos Molestos al Vecindario” es, posiblemente, una de las normas más conocidas en Argentina debido a su aplicación en diversos ámbitos legales (principalmente a falta de legislación específica) y a su longevidad cercana a los 50 años (la primera edición es del año 1973).  Un aspecto muy importante es la definición de daño y molestia por ruidos en la vida diaria, ya que brinda una forma objetiva de calificar a los ruidos como molestos o no molestos en el sitio de inmisión, lo que evita las discusiones subjetivas entre los involucrados. 

Una de las ventajas de los departamentos ubicados en contrafrente es, sin duda, una menor incidencia del ruido de tránsito. Sin embargo, es frecuente que en zonas con gran densidad poblacional y mixtura de usos existan grandes establecimientos comerciales que posean equipamiento en terrazas técnicas o patios traseros que funcionan en forma constante. Como los niveles sonoros de ruido de fondo de estas viviendas suelen ser bajos la influencia de estas fuentes de ruido puntuales resalta fácilmente sobre la situación acústica de base. Esto plantea un serio problema y fue el caso de un supermercado COTO ubicado en el barrio de Belgrano sobre la calle Maure.

Los entrepisos que separan dos unidades habitacionales o bien, ambientes de una vivienda, oficinas u otras salas, deben cumplir desde el punto de vista de la acústica, con aislaciones suficientes tanto para la transmisión de ruido por la vía aérea como por la vía estructural.

Los primeros son las voces, música, TV o los ruidos que en general se generan por la actividad típica en el lugar. Los otros son los que se generan por pasos, arrastre de muebles y en general todo lo que represente un contacto directo sobre el solado.

Estos últimos ruidos ponen en vibración al entrepiso, el que regenera ruidos aéreos en el ambien­te ubicado por debajo. Incluso las paredes del recinto inferior pueden convertirse en fuentes de ruido por las vibra­ciones que le llegan del entrepiso.

El diseño y resolución satisfactoria del problema de ruido de esta subestación, junto con la S. E. Azopardo (tema de otro texto), fueron presentados en el congreso internacional CACIER (Rosa­rio, 2005) por el autor de esta nota con EDESUR como coautor, bajo el título “Control de ruido en sub­es­taciones transformadoras”.

Decibel Sudamericana realizó tratamientos acústicos en subestaciones urbanas cerradas y abier­tas, con excelen­tes re­sultados. En este texto se describirá el tratamiento diseñado y ejecutado en el año 2000 para la S.E. 049 “Centenario” de EDESUR, ubicada en Ramos Mejía 1007, CABA, muy próxima a Parque Centenario.

El diseño y resolución satisfactoria del problema de ruido de esta subestación, junto con la S.E. Centenario (tema de otro texto), fueron presentados en el congreso internacional CACIER (Rosario, 2005) por el autor de esta nota con EDESUR como coautor, bajo el título “Control de ruido en subestaciones transformadoras”.

Las empresas distribuidoras de electricidad en la Argentina han estado construyendo, ampliando o actualizando las esta­ciones y subes­ta­ciones transformadoras de electricidad como consecuencia de las privatizaciones en la década de 1990 (EDESUR se crea en 1992). Da­do que muchas de ellas están ubi­cadas en áreas urbanas y que existen reglamentaciones para limitar la carga sonora so­bre las viviendas vecinas, se incluye el tratamiento acústico en el cuidado ambiental de estos proyectos.

La central térmica Enel Generación Costanera es la mayor planta termoeléctrica de Argen­tina con una potencia de 2300 MW. Se inauguró en 1963 y se encuentra en Avenida España 3301, CABA, en la Zona Sur del área portuaria, en terrenos ganados al Río de La Palta, en la desembocadura del Riachuelo. Es de las llamadas de ciclo combinado que emplea gas natural y combustible líquido. ​

Los generadores eléctricos son fuentes de ruido, desde los equipos domiciliarios hasta los grandes equipos de centrales eléctricas como las del caso que aquí se trata. Merecen, por lo tanto, aten­ción en este aspecto, tanto para proteger al personal que allí trabaja como al vecindario que la puede estar rodeando.

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